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La ruleta es un mecanismo bastante simple y sus reglas son elementales. Sin embargo, a pesar de su simplicidad, la joya del casino online es precisamente la ruleta.

El juego preferido en los casinos es la ruleta. Esta es la opinión generalizada y no es opuesta a la realidad. Para muchos jugadores, hablar de ruleta es hablar del juego de ruleta. Históricamente, la ruleta online ocupa un lugar preferencial en el ranking de los juegos.

¿Por qué la ruleta es considerada la reina del casino? Quizá porque ningún otro juego de azar genera tal entusiasmo, pasiones, tensión como jugar, apostar y divertirse en la ruleta.

Si la ruleta es la reina del casino, el principe es el blackjack.

El casino online ha incorporado el 21 y también ha desarrollado una amplia gama de opciones para el entretenimiento de miles de apostadores.

El blackjack se ha convertido en uno de los juegos más populares del Casino. Así como la ruleta y el blackjack, el Bingo también va encontrando su lugar en las principales opciones para jugar y apostar online.


La suma de los números elegidos para el juego de la ruleta, del 1 al 36, arroja sugestivamente nada menos que el bíblico 666.

Se trata de una simple curiosidad. Nadie seriamente puede asegurar que la ruleta sea un símbolo del anticristo, aunque en la época en que fueron escritos los evangelios ya se conocieran lejanos antecedentes de este juego.

Se sabe, por ejemplo, que los antiguos griegos hacían girar un escudo sobre la punta de una espada. Que en la época de Augusto los romanos utilizaban una rueda de carro sostenida por un eje de madera perpendicular al piso. La diosa Fortuna era representada de pie sobre una bola o sosteniendo una rueda en su brazo. Inclusive a los esquimales de Groenlandia se les atribuye haberse servido de un indicador rotante para jugar. Pero en ningún caso hay datos referidos a los números, lo que torna absolutamente fantasiosa cualquier relación con las citas bíblicas. La Iglesia se opuso a practicar juegos de azar, llegando inclusive a excomulgar, como en el siglo VIII en Francia, a los monjes infractores.

Según el diccionario de la Real Academia Española, una de las acepciones de la palabra superstición es: “Fe desmedida o valoración excesiva respecto de alguna cosa”. También se la señala como algo contrario a la razón.

Es cierto. ¿O alguien puede explicar con algo de sensatez por qué debe augurar mala suerte un gato negro que se le atraviesa en el camino? ¿O por qué se debe evitar el 13, especialmente si coincide con un día martes?

Aún así, hombres y mujeres de probada inteligencia son capaces de cambiar de itinerario si recibieron un mal presagio, como que se nombre en su presencia a un personaje reputado de “mufa”. Por las dudas, se cuidan de caminar por debajo de una escalera; y creen que pasarse el salero de mano en mano puede terminar con una amistad.

Y no son legos. Son personas que, en caso de presentarse alguno de los símbolos de la mala suerte, conocen todos los artilugios para contrarrestarlos. Los varones saben que la naturaleza los proveyó de atributos físicos Pero tan pronto como se aferran a algo son capaces de abandonarlo si comprueban que se agotó su poder mágico. La ficha de la buena suerte que guardó el día anterior será despreciada si hoy perdió llevándola en el bolsillo. Si fracasó la estrategia de vestir ropa interior sin lavar, mañana irá al casino con calzoncillos nuevos.

TODO VALE

El jugador profesional sabe que no debe contar las ganancias mientras está dentro del casino. Ni comprarse zapatos con ese dinero, porque significa “pisar la suerte“. Si encuentra una moneda en el piso sabe que tiene garantizada la buena fortuna por el resto del día. Prestará atención a cualquier sugerencia por más absurda que parezca. ¿Y si realmente funciona?, dirá. Pero, luego, si no resulta, crucificará al que hizo la recomendación e inclusive puede llegar al extremo de incluirlo en la cruel galería de los “mufa“.

En las mesas de punto y banca, antes de apostar, se preocupa por identificar a los banqueros. Si alguien rara vez tiene suerte con el sabot, verá que cuando le llega el turno la mayoría apuesta francamente a punto. Y jugarán más de lo acostumbrado, porque están convencidos de que tienen el pase asegurado, como si las cartas no estuvieran ya predeterminadas en la caja de madera y acrílico. Y si se da el caso de que el estigmatizado personaje llegara a lograr una serie de varias bancas, rápidamente lo librarán de la condena.

“Ese no echa una”. “Lo persigue la mala suerte”. “Cuidado con ese viejo que siempre tira tres”. “La rubia es nueva; vas a ver que gana con nueve!”. Estas frases son un lugar común en las mesas de Punto y Banca. Se dice que un principiante será bendecido por la suerte. Y si no gana, es porque seguro ya antes había jugado a algo. Es un hecho también que después de un anear de siete, “la banca mete”. O que solamente un tonto no juega a punto luego de un anear de seis.

Después del 19, salen el 29 y el 32. Si vino el 36 hay que jugar al 11. ¿Por qué siempre se pregunta al pagador que número salió en la bola anterior antes de apostar?

Tanto a Punto y Banca como a la ruleta el jugador va muñido de un método o sistema. Para los psicólogos “juego-superstición-sistema” forman una tríada inseparable. El juego es azar y para ganar se echa mano a cualquier cosa, por más ridícula que parezca; y el sistema es el que le confiere una cierta lógica en la cabeza del jugador. Aunque no resista el mínimo razonamiento, ¿quién se atreverá a desmentirlo? ¿Alguien osaría decirle que es irracional? Inútil. En este campo no hay una verdad. Cada cual tiene La suya.


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